La edad no es un límite. Y que nadie te diga lo contrario.
Quizá ya no pueda ser concertista de piano o ya no me me luzca como la primera bailarina del Ballet. Quizá ya no publique una novela de misterio que sea Best seller mundial o… quizá sí. ¿Por qué no?
Con el llamado de este Post finalizo mi ciclo de «frases cliché» y para doble cliché lo hago el día de mi cumpleaños. Porque realmente estoy convencida de que la edad NO es un límite.
Hoy cumplo 44 vueltas al Sol y hay varios sueños de juventud que no se han cumplido. Aunque la verdad es que ya no los veo como mis sueños. No para esta vida, al menos. Pero si quisiera cumplirlos, podría? Pienso que sí. Probablemente algunos aspectos requerirían ciertas adaptaciones, pero de eso se trata la vida. O no?
Lo peor que podemos hacer es mantenernos apegados a un anhelo en forma rígida porque la vida se encargará de obligarnos a flexibilizar.
Los sueños que tengo hoy distan bastante de los que tenía hace 20 años. Casi es como si fuera una persona diferente. Y probablemente lo soy. Estoy llena de límites, pero sé que están en mi mente. Y con el paso de los años siento que aprendo cada vez más a liberarme de ellos. Los llevo a la conciencia y ahí a veces se desvanecen a la luz del sol o se resisten y retuercen. Me siguen limitando, pero con menos fuerza que antes.
Si tienes un sueño, un deseo, un anhelo, busca cumplirlo. Aunque requiera que hagas cambios en tu idea original. Haz oídos sordos a quien diga que es demasiado tarde. Sobre todo si es tu voz interior la que te habla de esa manera.
¿Lo crees? Lo creas, pero no sin esfuerzo, foco y perseverancia. No se trata de un regalo que cae del cielo listo para abrir y disfrutar. Es una semilla que necesita toda tu atención y trabajo amoroso y constante para florecer. Puedes hacer y ser lo que te propongas.