Nuestra primera vuelta al sol, 365 días y noches, lunas llenas, menguantes, crecientes y nuevas. Es muy difícil poner en palabras una emoción tan grande como el convertirse en mamá. Aunque lo seas desde el momento en que te dicen que tienes un embrión anidado en tu útero, y ya desde ese segundo tu corazón física y espiritualmente comience a bombear más rápido, la verdad es que sentirse realmente madre es un proceso que se va construyendo y que para mi partió en el momento en que llegaste a mis brazos.

No sé cómo expresar tanta gratitud al poder hallar de tu mano esa misión de vida que siempre sentí tan lejana. Cómo explicar sin clichés ni lugares comunes que realmente siento que nací para ser tu mamá, que sé que me escogiste por una razón y que soy inmensamente feliz al saber con plena conciencia, esa que sientes en el alma, que juntas recorreremos un camino pensado para nosotras y creado por nosotras.

Tu mirada llena de amor y sorpresa completa mis días, tu sonrisa me despierta cada mañana con una alegría infinita. Cada descubrimiento que haces es como si yo volviera a ver el mundo por primera vez bajo una luz de belleza e inspiración únicas. Me conectas con lo más sutil y profundo de la naturaleza. Me emocionas, me remeces, con tu existencia siento tan fuerte dentro de mí ese ser que se conecta con todo, con todos. A través de ti alcanzo la iluminación, puedo sentir a Dios.

Si miro hacia atrás, veo que cada paso que di me enseñó algo para hoy poder acompañarte en esta experiencia humana que has decidido vivir junto a mí. Todo se explica, todo se entiende, toda pieza calza en este rompecabezas llamado vida.
Aún tengo mucho por aprender para poder ser un buen faro en tu vida. Sé que me lo enseñarás. Tú para mí eres el sol, la fuente de mi vida. Feliz primer cumpleaños hija. Te amo hasta la eternidad y más allá.