Desde el 1 de agosto que estoy pensando en escribir algo y demoré el mes completo en concretarlo, otra señal más de cómo dejamos que el tiempo pase y arrastre con ello nuestros sueños, deseos y objetivos.
Mis intenciones iniciales eran hablar de lo especial que es para mí agosto, pero casi llegando al final del mes, las circunstancias cambiantes de la vida llevaron el destino de estas letras hacia otro camino, uno un poco más árido y empinado.
Ahora solamente da vueltas en mi mente una pregunta sin respuesta, cómo hacer que las personas que amas sean felices cuando se niegan a ver que tienen todo para serlo, que los dolores son parte de la vida y que no pueden opacar los momentos felices. Tengo 36 años recién cumplidos y soy consciente de haber vivido cientos de episodios llenos de risa, sol, brillo y amor. Si cierro los ojos puedo sentir nuevamente esas emociones, me conectan y me dan vida, me recuerdan quién soy y de dónde vengo.
Y en esos mismos 36 años también ha habido momentos de profundo dolor, he sentido cómo el alma se desgarra y las marcas de la pena siguen presentes en algún lugar de mi alma, pero puedo vivir con ellas, y ellas también me dan fuerza para volver a sonreír.
Quisiera tener el don de contagiar la alegría y borrar las penas, cicatrizar las heridas, pero ese don está dentro de cada uno, podemos sembrar semillas, pero el poder para que germinen radica en el interior de cada alma.
Sueño con el día en que sólo habrá sonrisas en un lugar donde las tempestades no existan, donde siempre sea primavera y las palabras que dañan hayan sido eliminadas del diccionario. Me gusta pensar que es posible crear ese universo aunque sea en el pequeño espacio de nuestro círculo más cercano.
Deseo felicidad para todos los que amo, quiero que sus vidas estén llenas de momentos plenos, y aunque no puedo eliminar el dolor, puedo ayudar a suavizar las experiencias amargas. Estaré siempre para brindar un abrazo fuerte y cálido, un gesto que ponga en contacto físico a nuestros corazones, más allá del lazo eterno que nos une y que nos ha puesto a compartir esta experiencia humana de crecimiento.