El camino para evolucionar, crecer, expandirse, nunca se acaba. No, al menos, en este plano terrenal. Así lo siento yo cada vez con más certeza.

Para ampliar la conciencia, desarrollar la espiritualidad y alcanzar la transformación es clave el autoconocimiento, porque una pregunta fundamental para comenzar a despertar es saber quién eres. Más allá de las etiquetas, roles y máscaras que has ido adquiriendo a lo largo de los años. La gran pregunta es esa ¿Quién eres? 

Yo siento que aún no tengo una respuesta clara a esa pregunta, pero creo que un buen camino para llegar a ella es observar dónde sientes tus mayores dificultades para cambiar. A qué te mantienes atada ya sea consciente o inconscientemente.

En lo personal, hay tres cosas que me ha costado bastante transformar. Acá te las cuento para que me comentes si te resuena alguna de ellas o me digas cuáles son esas barreras autoimpuestas que te impiden avanzar.

¡Acá voy!

La primera y que he tenido en vista todo este último año es la dificultad para soltar el control. ¿Sabes cómo la veo? En mi absoluta intolerancia al desorden. Cuando comienzo a mirar el desorden, me sube la adrenalina y me cambia el ánimo en dos segundos. 

La segunda, también una evidencia más que clara en cuarentena, es cuánto me cuesta hablar en forma espontánea y expresar lo que siento sin pensarlo eternamente. A veces lo dilato tanto que el resultado es frustración, rabia y tristeza.

Y lo último, que no siempre aparece, pero sigue ahí, en la sombra, es la necesidad de desactivar mi respuesta automática de ira cuando me siento criticada por las personas más cercanas. Reacciono y me veo como un animal herido, y a los dos segundos me observo en esa reacción y sobreviene la culpa por no haber sido capaz de evitar la reacción. Y así me encuentro en un Loop del que solamente yo me puedo sacar.

Tener conciencia sobre estas barreras creadas por la mente ayuda mucho en el proceso de transformación. Para poder sanar es necesario ver y más importante, VERTE, a ti misma, con tus luces y sombras.

Y tú, ¿ya sabes cuáles son tus limitaciones autoimpuestas? Anímate y cuéntame en los comentarios.