Muchas veces veo situaciones que me conmueven el alma. Algunas de ellas me resultan tan indignantes que vuelven a brotar algunas lágrimas de impotencia y, por qué no decirlo, de rabia también. Porque hay cosas que sencillamente no se entienden, no se entienden desde el prisma del amor y la humanidad. Si ambos conceptos reinaran en el mundo no existirían niños muriéndose de hambre en África ni niños muriéndose por causa de la obesidad en Estados Unidos. Todos los días sucede algo en el mundo que podría ser evitado si las decisiones se tomaran desde el amor. Pero esa palabra no existe para los actuales sistemas que imperan en la mayor parte del planeta, donde es la antítesis del amor la que gobierna. Ni qué decir que tampoco habría osos polares desapareciendo por la intervención de su ecosistema ni mujeres siendo violentadas de las maneras más brutales por hombres que, gozando de su situación de poder, impunemente repiten ciclos de violencia por generaciones.
Ese es el estado del mundo en muchas partes. Ningún adulto mínimamente consciente puede decir que no conoce esta condición actual. Sin embargo, seguimos viviendo con ello, porque en contraparte tenemos a la vista maravillosos momentos que nos llenan el corazón y nos permiten seguir sonriendo. Es el equilibrio de la vida para algunos, la elección de ceguera para otros.
No obstante, hay momentos en que corresponde detenerse y tomar una posición ante estas aberraciones, declararla públicamente y promover un alto a los actos de deshumanización que se presentan cada minuto en un lugar del mundo.
Me parece que hoy es ese momento, dado el comportamiento repudiable de un personaje público que usando una vitrina tan importante como un programa de TV en horario prime de un domingo le planta en la cara a otro ser humano el desinterés actual sobre su sufrimiento, su dolor y su experiencia de vida. No sólo se trata de un asunto de buscar justicia y verdad, de cerrar heridas abiertas que difícilmente van a sanar o despejar asuntos inconclusos de la historia. Se trata de algo tan simple como humanidad, compasión, amor.
Entre los seres humanos es claro que pueden existir muchos que carecen totalmente de estos atributos, el mismo ciclo de no amor en que vivimos los sigue generando. Sin embargo, avalar que a través de una tribuna pública se ningunee a otra persona, a un alma cuyo cuerpo ha pasado por una experiencia tan fuerte como haber sido quemado vivo es simplemente inaceptable.
Y esto va mucho más allá del contexto. El contexto no justifica nada. Y tampoco basta con decir que a lo mejor este personaje dijo algo que puede ser totalmente cierto, puede ser verdad que las instituciones y el país actualmente tengan un total desinterés por temas de derechos humanos. Pero tener la insensatez de decirlo como nada frente a alguien que fue parte afectada de esos hechos es simplemente inhumano y promover públicamente esa falta de humanidad a través de un canal de TV es lo que me parece más grave.
Acaso no sería igual de inaceptable que a una víctima del Holocausto judío le dijeran en su cara que su tema ya aburre, o decirle en unos años más a los padres de uno de los niños asesinados en México que su caso importa un carajo? Qué falta de compasión y amor mostramos cada vez que aceptamos que estas cosas pasen. Y también cada vez que no mostramos una opinión al respecto.
La vida logra su equilibro entre las experiencias malas y buenas, pero eso no quiere decir que tengamos que permanecer impávidos cada vez que la tendencia apunta más hacia la insensibilidad y la falta de amor.
Creo que cada vez que alguien manifieste su opción por la compasión, la verdad, la justicia y el amor, todos sus contrarios pierden terreno, aunque sea muy poquito.