Al nacer llegamos al mundo sin filtros especiales ni rasgos de autocontrol. Actuamos de manera libre y espontánea. Hacemos lo que nos gusta y declaramos sin mayor complicación lo que nos desagrada. 

Muchas de esas conductas se van modificando al crecer porque nos damos cuenta de que son inadecuadas para el propio contexto, nos adaptamos y escondemos esos rasgos o comportamientos. Quedan tan ocultos que incluso resultan extraños a nosotras mismas. Se transforman en aspectos que tú misma rechazas, no sólo en ti sino también en otras y otros.

Ese cúmulo de cosas que despiertan aversión en el entorno, que nos exponen incluso al repudio de quienes amamos, pasan a constituir lo que se conoce como la sombra, una verdadera especie de basurero de la psique, donde habitan emociones, pensamientos, actitudes, hábitos, características y conductas. 

Pero aunque parece que todo queda ahí, la verdad es que la sombra no desaparece sino que busca siempre volver a mostrar lo que está escondido en ella. 

A nivel simbólico, la sombra se relaciona con el arquetipo del mal y así es como también suele verse en los sueños. Sin embargo, en ella también existen aspectos valiosos de ti misma, pero que resultaron rechazados al ser reconocidos como riesgosos para la aceptación del entorno. 

Si de niña te dijeron que no había que llorar y que había que ser fuerte, lo más probable es que la vulnerabilidad y la tristeza hayan quedado relegadas a la sombra. 

Si te dijeron que dedicarte a pintar, imaginar o crear era una pérdida de tiempo, probablemente toda tu creatividad también se haya ido a la sombra.

Es importante entender que estos aspectos que te niegas a ver quieren ser vistos, lo necesitan, existen y requieren ser integrados de manera consciente. Es por esta razón que la sombra también se proyecta en otras personas. Ojo cuando el comportamiento o las características de alguien nos resultan desagradables, ya que puede haber allí aspectos de nuestra sombra que nos negamos a ver.

En algunas ocasiones la sombra muestra también la necesidad de equilibrar ciertas características y satisfacer necesidades que hemos ignorado por mantener el polo de la hiperresponsabilidad y el autocontrol. 

Por ejemplo, si en el trabajo sostengo una actitud en que acepto todas las órdenes sin cuestionar nada, aunque algunas cosas no me gusten, no sería extraño que una noche sueñe que respondo de una manera violenta y agresiva ante mi jefa. Eso no quiere decir que sea una persona violenta en sí, sino que puede estar mostrando que la actitud condescendiente no es lo que realmente se siente y que hay que dejar espacio a la posibilidad de mostrar descontento o criticar las órdenes que te dan.

Los sueños son una excelente manera de conocer la sombra. Algunas formas de reconocer a la sombra en los sueños son:

  • 99% de las veces la sombra tiene el mismo género que el soñante y hace algo deleznable
  • Puede aparecer como tú misma haciendo algo que consideras malo o repudiable
  • Alguien conocido haciendo algo impropio (solamente personas que conoces en la realidad)
  • Aquello que detestamos y donde vemos el mal es parte de nuestra sombra.

Una función de la sombra en los sueños es bajar al ego de su pedestal. Cuando estamos actuando muy conectadas al ego, la mente racional y consciente diciendo qué es bueno y qué es malo, actuando desde la dualidad extrema, blanco y negro, sin matices, la sombre aparece para desinflarlo.