Has soñado alguna vez que llegas desnuda a un lugar lleno de gente. Te acuerdas qué sentiste. Puede ser vergüenza o tal vez te resultó algo natural.
Este es un sueño que probablemente todos hemos tenido alguna vez en la vida. Quedar totalmente expuestos, sin nada que nos cubra, no sólo a nivel externo, sino que especialmente descubiertos en nuestra vulnerabilidad.
La Estrella nos muestra a una mujer que está desnuda y que ha superado la etapa del pudor o la necesidad de utilizar ropa para proteger su imagen. En su caso, ya no requiere de máscara alguna. Su vulnerabilidad es su fortaleza.
Su naturalidad demuestra que ha alcanzado un estado de quietud interna de tal magnitud que nada la perturba. Su calma proviene de su convicción y certeza interna de haber encontrado su camino, su propósito de vida, su ruta de alma. Todo en ella es claridad y sentido de trascendencia.
Es la carta número 17 de los Arcanos Mayores, mostrando con ello que llegar a este estado toma tiempo y es un proceso que antes nos llevó a transitar por situaciones difíciles y quiebre de nuestra seguridad exterior.
Pero en La Estrella brilla la luz de la fe tan fuerte y poderosa que incluso no hay temor de mostrar cómo fluyen las emociones, de permitir que estas caigan sobre agua y tierra, en suelo fértil donde crece abundante vida.
Cuando veo esta carta pienso en Eva recuperando su poder interno, su confianza y su valor propio. Retornando al paraíso del que quizá nunca debió haber salido, desnuda, como llegó al mundo, viva, plena. Y con más fortaleza que nunca después de descender hasta las profundidades de su inconsciente, encontrarse con su sombra e integrarla como parte de su ser. Ella emerge de esta viaje íntegra, completa, lista para recorrer el último tramo antes de finalizar un nuevo ciclo.