Esta es en parte la historia secreta de mi vida y en parte la historia de mi base espiritual, porque así he vivido por muchos años la energía del Hierofante en mí, un arcano personal con quien tengo una relación ambivalente.

La narración es larga y aún así incompleta. Si te la quiero contar es porque creo que cada persona puede revisar su biografía y encontrar presente en muchos momentos la energía de sus arcanos personales. Hacerlo es un ejercicio de autoconocimiento que puede ser muy liberador.

Y si bien puede que no baste con tomar nota de hechos y memorias, es un buen primer paso. 

A través de esta toma de conciencia yo he podido observar muchas restricciones, desafíos y dificultades asociados a las características de este arquetipo, pero también he logrado tener presente su luz y las oportunidades de expansión que hoy me brinda.

Si sólo quieres leer mis sugerencias para explorar este arquetipo en ti ve directo al último subtítulo. 

 

De mis memorias religiosas 

Mi familia practicaba el catolicismo con regularidad. Íbamos a misa cada domingo y en mi casa nunca faltaron las imágenes religiosas.

De hecho, mi primer nombre, Gemita, se lo debo a Santa Gemma, de quién éramos devotos y alumnos regulares de su colegio en Santiago.

A temprana edad le prometí a mi abuelo materno que sería monja. A veces lo olvido, pero fue parte importante de mi psique por varios años. Mi tata murió cuando yo tenía 7 pero por harto tiempo conservé la idea de esa promesa, que no sé por qué, cuándo ni cómo hice, pero sé que la hice.

Cuando llegó el tiempo de hacer la Primera Comunión me tuve que confesar y la falta a esta promesa estaba en el primer lugar de mi lista, porque para mí tenía toda la forma de lo que entendía por pecado.

Alrededor de esos años nació también mi hermana María Paz, quien llegó a este plano portando una llave que nos abriría muchas puertas para entrar a un mundo espiritual más personal, aunque en tránsito por un oscuro túnel que también nos enfrentaría a su muerte.

Fue en esos años que experimenté varias conductas que a la distancia veo como parte de un trastorno obsesivo. Tenía que tocar ambas llaves del agua cuando me lavaba las manos, así como también equilibrar con la izquierda cualquier cosa que tocara con la derecha. 

Mi hermana había nacido con una enfermedad congénita muy rara y a raíz de eso mi familia se acercó al movimiento carismático de la iglesia católica, cuyas creencias eran las tradicionales pero su forma de manifestarlas bastante diferentes. Creo que les llamaban los “evangélicos” del catolicismo y ya imaginarás por qué.

Nos juntábamos por las tardes a cantar y orar, incluyendo un momento de “hablar en lenguas” que recuerdo con bastante potencia, aunque también me veo con la sensación de no aguantar el sueño mientras alguien habla desde el frente del salón.

 

El lado obsesivo

Las conductas obsesivas también aparecieron en mi lado “religioso”. A propósito de la Catequesis tenía una Biblia siempre conmigo y comencé a repasar pasajes del nuevo testamento que leía en voz alta incluyendo la referencia al número de versículos y todos los detalles del texto. 

El tema es que cada vez que me equivocaba al leer, me obligaba a repetirlo por 2, por 3, por 4 y por infinitas veces. Y me equivocaba harto.

Esto es algo que casi nadie sabe de mí. Ni siquiera recuerdo si se lo he contado a alguien antes. Lo curioso es que tampoco tengo memoria de cómo se acabó.

Cuando pienso en esta parte de mi biografía veo en ella al Hierofante. Cómo no hacerlo con esa imagen del Papa mirándome desde el mazo Rider.

Años después lo percibí desde otra de sus aristas, porque vaya que me costó sentirme parte de un grupo en forma armoniosa.

Mi adolescencia fue un tiempo estresante, solitario, nostálgico, con todo el toque de “bicho raro” como sensación permanente y constante dentro de mí. Una pulsión dolorosa que ha vuelto a salir estos últimos años. 

Sin embargo, en esa época también encontré ese puente de comunicación personal con Dios. En medio de sus desafíos, este Hierofante interno también me mostró su tremenda oportunidad a nivel espiritual.

Me recuerdo durante los recreos del Primero Medio observando a la distancia cómo el resto interactuaba. El tiempo se hacía largo, interminable, pero a pesar de todo no me sentía completamente sola porque percibía siempre la presencia de Dios.

El camino de regreso a casa lo hacía caminando para ahorrar la plata de la micro. Durante todo el trayecto me iba conversando en voz alta con Dios. Quizá era más una conversación conmigo misma, pero cualquiera sea el caso, la disfrutaba mucho. Me sentía libre, escuchada y acompañada.

 

Sobre El Hierofante

El Hierofante no es un arcano fácil. Al menos no para mí. La imagen de un Papa se presta para sentir distancia si no eres cercana o no te identifica la religión católica.

En lo personal, despierta ciertas resistencias por esa infancia con un catolicismo muy marcado que aunque no era fanático, quedó grabado en mi memoria como la otra cara de la culpa. 

Por eso es que de las cartas que ves en este artículo, mis favoritas son El Sumo Sacerdote del Tarot Mítico que representa al sabio Quirón y la gráfica con la mujer con cabeza de animal, que pertenece al mazo The Wildwood Tarot.

El Hierofante funciona muy a la par con El Emperador porque ambos ordenan y reglamentan, pero en este caso nos habla más de la sociedad y de cómo internalizamos esas normas en nosotros: es nuestro propio sentimiento interior de obediencia.

Puede mostrarnos nuestras rigideces tipo dogmas interiores, pero también las oportunidades de conectar con otros en los grupos o ser mediadores.

 

Sugerencias para explorarlo

Hay mucho que decir y conocer acerca de este arcano, pero como punto de partida para observar cómo se manifiesta en tu vida te invito a mirar estos aspectos:

  • Cómo fue tu experiencia espiritual de infancia. Qué recuerdos tienes de ese tiempo. Ten presente si creciste en el marco de una religión determinada, y si fue así, cómo la llevaban a la práctica tus padres o familia.
  • Cómo fue tu experiencia en el colegio y en marcos educativos. Te sentías parte de tu comunidad en forma armoniosa o te sentías más rebelde. En la segunda opción también puede ser que te hayas sentido poco integrada o más bien sola, por ejemplo.
  • Cómo vives hoy tu espiritualidad y cómo la compartes con otros, si es que lo haces.
  • En qué aspectos de tu vida sientes que tienes más normas, ya sea de la institucionalidad exterior o de tu mundo interno, cosas que sientes que no puedes hacer de manera diferente, por ejemplo, principios que no tranzas, etc

Aunque aparece como un Papa en el mazo Rider, El Hierofante es también la figura de un chamán, es un puente entre el mundo espiritual y humano. Así lo he comenzado a vivir con más conciencia durante los últimos años.

Si bien nos habla de muchos aspectos normativos, también nos invita a descubrir nuestra manera personal de comunicación con Dios-Diosa o lo que para ti sea significativo en términos de divinidad.

Aunque para mí sigue siendo una voz interior fuerte que me restringe muchas veces, hoy puedo vibrar en su energía más espiritual gracias a que lo conozco y lo reconozco en mí.

Y algo que este último año he podido desarrollar de su mano son mis cualidades para poder compartir lo que he aprendido en la teoría y en la experiencia a través de cursos, talleres y lecturas de Tarot.

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Si llegaste hasta acá solamente me queda darte las gracias por leer.

Un abrazo

Andrea