Febrero 2, 1989

Queridísima Ruth:

Te escribo esta carta desde Montevideo. Tuve que hacer una parada antes de llegar a Fray Bentos debido a una tormenta eléctrica que nos pilló en el camino.

Me habría gustado estar en tu compañía para que vieras la hermosura de esos rayos cortando el cielo e iluminando por segundos la oscuridad.

Reconozco que estos fenómenos de la naturaleza me resultan sobrecogedores pero también me aterrorizan. No saber dónde puede caer ese impulso eléctrico, el juego con el azar y mi tendencia a dejar que mi mente busque el peor escenario posible no ayudan a disfrutar con libertad la vista que ofrece el Universo.

Estoy emocionada, pero también sumamente ansiosa. No te imaginas cuánto deseo poder conversar largo y tendido con Ireneo Funes. Por fin encontré una prueba viva de lo prodigiosa que puede llegar a ser la memoria. Dicen que él lo recuerda todo. ¡Absolutamente todo!

Ya sabes que he indagado mucho sobre este tema y lo único que había hallado hasta ahora son casos de la historia remota. Sobre Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; o Mitríades Eupator, que aplicaba justicia en los 22 idiomas de su reino; así como también de Metrodoro, quien podía repetir con absoluta fidelidad lo que escuchaba sólo una vez. Creo que hablamos sobre estos ejemplos la última vez que nos vimos.

Pero ahora tengo ante mí la maravillosa posibilidad de conversar con alguien que goza de este inusitado talento. Podré hacerle tantas preguntas. ¿Crees que por fin encuentre respuesta a las inquietudes que han atormentado mi corazón por tanto tiempo?

Necesito respuestas.

¿Cómo funciona la memoria? ¿Es verdad todo lo que recordamos? ¿Cómo es posible retener ciertos detalles y dejar que otros queden en el olvido? ¿Interviene en algo la experiencia pasada al formarse un recuerdo? ¿Existe una especie de molde sobre el cual vamos construyendo la memoria? ¿Cómo puedo saber qué recuerdos son un reflejo fiel de los eventos y cuáles tienen colores adquiridos por la fantasía y la imaginación? ¿A partir de qué edad puede uno estar seguro de que sus recuerdos son fidedignos? ¿Por qué un mismo hecho puede ser recordado de maneras diferentes por personas distintas?

Tengo miedo de llegar a Fray Bentos y decepcionarme con las soluciones que se me planteen a estas interrogantes.

Dicen que Ireneo Funes era una persona común y corriente antes de sufrir el accidente que lo dejó postrado en una cama. ¿Cómo es eso posible? Será acaso que el golpe activó zonas del cuerpo relacionadas con la memoria ¿Y dónde se guardan los recuerdos? ¿En el corazón o en la mente?

¿Puedo borrar un recuerdo para siempre?

Discúlpame que una vez más te agobie con mis inquietudes. Has sido una gran amiga al acompañarme todo este tiempo y aceptar mis locuras.

No sé si te conté que Ireneo Funes tiene apenas 21 años. Es casi un niño. Un niño prodigio incapaz de dejar pasar un detalle de la realidad que nos absorbe.

Qué fortuna del destino que tu amigo Bernando Haedo conociera a Funes. Según me comentó en su carta, antes del accidente este chico tenía la habilidad de decir la hora exacta sin necesidad de mirar ni siquiera el cielo. ¡Sorprendente!

Creo que me iré a la cama para retomar el viaje a primera hora. Pongo en duda mi capacidad para dormir con tanta ansiedad recorriendo mi organismo, pero prometo hacer el intento.

Siempre agradecida de tu cariño,

Tu amiga Silvia

 

Febrero 5, 1989

 

Queridísima Ruth:

La decepción que siento es indescriptible. Reconozco que también albergo un poco de ira debido a las jugadas crueles del destino.

Llegué tarde. Aquel prodigio de la memoria llamado Ireneo Funes falleció y ya no me será posible interrogarlo para poder llevar un poco de calma a mi corazón afligido.

Podrías haber estado conmigo ahora, así no me sentiría en este estado de soledad y desconsuelo absoluto.

Nada más llegar a Fray Bentos me han comunicado la lamentable noticia. Me encontré con un primo de tu amigo que me indicó que la causa del deceso había sido una congestión pulmonar.

La impresión fue tan alta que casi sufro un desmayo. Esta inesperada y extraña reacción de una desconocida para el difunto hizo que esta persona, cuyo nombre no recuerdo (vaya burla de la memoria), me preguntara por qué me conmovía tanto la partida de Ireneo Funes.

En el estado de conmoción en que me encontraba las palabras brotaron de mi boca sin control y desahogué en él toda mi ansiedad y consecuente frustración. Tantas preguntas que seguirán sin respuesta.

El gentil hombre parece que se apiadó de mí y además de ofrecerme una taza de té para pasar el mal rato, aceptó relatar lo que su propia memoria aún retenía de los encuentros con el fallecido Funes.

Me dijo que le habían solicitado escribir acerca de él como parte de un proyecto para despedirlo de este mundo, de manera que le resultaba sencillo compartir conmigo lo que ya había plasmado en el papel.

Lamentablemente, en sus palabras no encontré respuesta alguna a mis preguntas, pero sí atisbos de lo que representó este don (o maldición) de Funes en sus últimos años de vida.

Entre otras cosas, me contó que Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado.

Me dijo también que el accidente no parecía marcar ninguna tragedia en su vida, ya que su razonamiento lo llevaba a sentir que la inmovilidad era un precio mínimo a pagar por una percepción y memoria infalibles.

También me relató ciertas afirmaciones que lo dejaron impresionado. Reproduzco para ti algunos fragmentos de las palabras que Funes expresó:

“Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo”.

“Mis sueños son como la vigilia de ustedes”.

“Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras”.

Como podrás apreciar, el fallecimiento de Funes es una gran pérdida no sólo para mí sino que para el mundo entero.

No me cabe duda que en el futuro la medicina podrá investigar, con mejores y nuevas herramientas, cómo es posible que se presente un fenómeno de tal naturaleza.

¿Pero nacerá en los próximos años o siglos alguien con esta prodigiosa memoria? Esta es otra pregunta que quedará sin respuesta.

Siento que la energía me abandona. Me iré a dormir, ahora sin ansiedad sino que con profunda tristeza para encaminarme mañana de regreso al hogar.

Sinceramente,

Tu amiga Silvia