Muchas veces pensé en comenzar un Blog, pero nunca me animaba. Cuando era pequeña, y hasta bien entrada la adolescencia, yo tenía el hábito de escribir en un diario de vida, allí registraba todas las emociones importantes y las vivencias significativas.También me gustaba imaginar que algún día sería una gran escritora y que mis novelas me permitirían tener esa seguridad que por muchos años me hizo falta. Pensaba que podía esconderme detrás de los libros y escapar al riesgo de ser dañada por los demás. Era una época en que la única fortaleza que yo creía tener era mi familia. Ellos siguen siendo uno de los pilares más importantes de mi vida, pero, afortunadamente, aunque puede haber demorado un poco, he logrado crear una pequeña pero sólida red de vínculos que han dado forma a lo que soy actualmente.
Si esta semana me decidí finalmente a esta aventura con las letras, tan abandonadas y por tantos años, es gracias a un hermoso reportaje que apareció en un diario nacional, acerca del secreto poder de los introvertidos. Nunca me había sentido tan identificada en una descripción de este rasgo, generalmente menospreciado, criticado, enjuiciado, y del que yo en mi niñez buscaba defenderme a través de los libros. Mi pensamiento era exactamente este: “a los escritores nadie les pide que conversen cuando no tienen ganas de hacerlo ni que participen en actividades que nos les interesan o donde no se sienten cómodos”. Durante mi etapa escolar era un pecado no ser “sociable”, y ser introvertido era sinónimo de pasar al lado de los pocos populares. Qué lamentable que eso no haya cambiado para nada y que incluso hoy ya exista un nombre para el acoso que sufren esos niños. Por eso me sentí realmente muy feliz de leer ese artículo que nos dejaba en un plano similar al de los superhéroes, personajes con características poco reconocidas socialmente, pero que esconden debajo de su ropa una identidad que sólo busca ayudar a la humanidad.
No quiero hacer una apología a los introvertidos, no me cabe duda que como todas las etiquetas, cada prenda tiene su propio color, tamaño, textura y peso, no somos ni seremos nunca iguales a otra persona, lo que nos hace únicos también nos hace parte de un todo, y eso es lo que me gustaría rescatar de esa nota.
Y bien, a casi 20 años de aquellos tiempos, y de la última vez que escribí una línea en un diario, las experiencias han transformado a esa niña temerosa de decepcionar a las personas. Me siento en condiciones de crear mi propio espacio de reflexión y compartirlo con quiénes quieran leerlo. Para hablar de aquellas cosas que hoy movilizan mi vida y que me conectan con lo esencial y con la esencia que habita en cada persona, animal, planta, insecto, mineral y elemento de este planeta.