Esta es otra de esas frases que pueden sonar cliché, pero hoy parece más vigente que nunca.⁣

Vino a mi memoria a comienzos de este año cuando estaba a pocas semanas de dar este salto de fe a una nueva vida, sin mayor seguridad que la confianza en mi misma. ⁣

La zona segura, o la seguridad a la que buena parte de nosotras y nosotros aspira en algún momento de la vida, puede ser de las peores trampas que tiene la mente para alejarte de la posibilidad de expresar tu máximo potencial, de materializar tu propósito de vida. No hablo de una carrera, una propiedad o una posición social, que puede ser genial si son parte de tus metas, pero no son cosas que al alma le importen demasiado. ⁣

Hablo de esa chispa divina que existe dentro de cada una/uno para dar forma a algo único y trascendente. Eso que no necesita de seguridades externas para aflorar.⁣

El gran problema, al menos lo que a mí me pasó y puede haber demorado mi salto al vacío, es que desde pequeños vamos depositando nuestra seguridad en cosas externas y sobre todo, en cómo nos ven los demás. Y vaya que con eso nos ponemos muchas sogas que nos atan a una ilusa sensación de certeza que nada tiene que ver con la confianza interna necesaria para moverse en el mundo con fe en que podemos crear lo que soñamos. ⁣

Yo estoy en camino de reprogramación. Ha sido un viaje largo y siento que un buen ejercicio es aceptar que la seguridad tal como la hemos entendido habitualmente y hasta ahora no existe. Sí, aunque pensarlo pueda generar pánico inicial. Partir de la certeza de que no hay certeza puede ser una buena forma de movilizarnos. ⁣

Todo afuera es constante movimiento, lo único estable y seguro está en nuestro interior.⁣

Lo peor de creer que necesitas esa seguridad para moverte es que finalmente la mayoría de las veces nunca lo haces, porque es una ilusión creada para que te quedes justo donde estás. ⁣

Y tú, ya sabes qué te moviliza. Cómo te sientes con respecto a tu zona de confort.⁣