Todas las crisis esconden una oportunidad. Hoy te contaré la que yo encontré hace un par de años.
En septiembre de 2018 me encontraba trabajando como Periodista en una empresa donde hacía algo que me gustaba y me pagaban bien. Después de casi 20 años de experiencia había alcanzado bastante estabilidad y reconocimiento. Mi hija había nacido en 2013 y sus primeros 2 años pudo disfrutar del cuidado de su familia. Luego, el Universo me conectó con una mujer maravillosa que se encargó de su cuidado, dándole seguridad, cariño y mucho juego. Aunque siempre tuve la intención de dedicar menos horas al trabajo que a la crianza, no lo había concretado porque estaba cómoda y tranquila.
Y entonces vino La Torre. Luego de un «18» comenzó su destrucción. Esta querida mujer que cuidaba a mi hija vivió una situación que la motivó a dejar nuestra casa y el país.
El mundo se me vino abajo. Perdía a una persona por quien guardo un profundo cariño y desaparecía el pilar que ella representaba en mi seguridad emocional.
Volver a buscar a alguien que me diera confianza me parecía imposible y pasar más horas con compañeros del trabajo que con mi hija se volvió una realidad cada vez más inaceptable.
El papá de O. hacía tiempo quería salir de Santiago pero sin nada claro. Y para mí eso significaba abandonar mi colchón afectivo: mi familia y amigos.
Pero en enero de 2019 sentí la claridad y tomé la decisión de dar el salto. Transcurrió más de 1 año antes de emigrar a Villarrica, tiempo en que me encontré con la magia del Tarot, descubrí dones dormidos y me formé como terapeuta de Flores de Bach.
La Torre botó una realidad que me amarraba a un buen trabajo pero que no era el que mi alma había escogido. Tiró al suelo la seguridad que había construido pero que no era verdadera porque estaba desconectada de mi propósito de vida. Y todo eso no lo sabía hasta que viví su destrucción.
Cada crisis que vives esconde un tesoro. Y la llave para abrir ese cofre SIEMPRE la tienes tú.